THERA
ya está en el Puente Arcoiris
(Ch Gina Lolobrigida de
Manso Pelegrí)

Era
10 de Marzo cuando fue mi aniversario, hacía veinte años que tenía
veinte años como decía Serrat, y fue entonces cuando noté que mi felicidad
estaba manchada de melancolía. He sido feliz sin duda por todo lo vivido, lo
que me genera hoy una gran ilusión
de seguir adelante junto a Elisa y Andrea y vivir momentos aún muy buenos.
Ese
mismo día en Manso Pelegrí nacía
la generación Z, Zipi y Zape, dos hembras Schnauzer. Irónicas casualidades de
la vida.
Mientras
en Barcelona mi Schnauzer mediano Thera estaba muy enferma
estaba
casi en los brazos de Morfeo.
Solo
tres días después, un fatídico 13 de Marzo
y después de todas las más frescas ilusiones, cayó desde el cielo un
manto de plomo negro en mi vida. Mi
única, inolvidable y fiel Thera, murió a las 20.15 de la tarde en la clínica
del Dr. Tabernero (quien nos ayudo a resolver el anatema). Fue una tarde dilatadísima
en el tiempo, fue triste, fue fría y sobre todo fue oscura como su brillante
pelo negro, que tanto había cepillado (“stripping y trimming”). Ella, Thera,
no era consciente de que una oscuridad permanente y pentotal iba a ser su último
suspiro en vida, fue como una caricia salvadora a su tormento, su continuo
dolor. Ella aún continua feliz en su ultimo sueño. Fue salvada de una cruel
dinastasia. Aquella tarde oscura fue la dilapidación de su tiempo, su
presencia, sus ladridos, su fiel compañía .Tanto Elisa como yo no quisimos
dilatar más en el tiempo su dolor
por nuestro egoísmo.
Así
que nuestra decisión por la eutanasia fue una decisión necesaria y no
gratuita. Aquella sensación perpetua de llegar rápido del trabajo para poder
estar con nuestra entrañable e inolvidable Thera, ya no existe. Era un lleno
total en nuestras vidas y ahora es un vacío inmenso. Aún recuerdo sus
almendrados e inocentes ojos de Schnauzer mirándonos. Aquellos ruidos que hacía
mientras dormía, el ronroneo de sus sueños, y sus permanentes ganas de
salir de paseo constantemente, que me servían para romper la rutina de la vida,
han dejado de existir. Ya no está, ahora es tan sólo ceniza. Toda esta
ausencia me sume en una profunda tristeza, pero me tranquiliza pensar que hemos
sido parte activa en generarle un permanente confort en vida y una tranquilidad
sin dolor en su ultimo suspiro. Lógicamente esto me duele porque no podremos más
ya compartir sus carreras en la playa y sus retozos en la hierba de S’Agaro,
sus saltos tras un globo…etc.
Ahora
hay un tiempo congelado sumido de por siempre
en una continua oscuridad, que generará sin remedio ceniza y recuerdos.
Nuestra
tranquilidad es su ausencia de dolor, su comodidad, su ataraxia.
Toda
la triste pena de no verla más queda enmascarada por su paz.
La eutanasia estaba totalmente justificada moralmente y veterinariamente.
La
reflexión cinófila es
absolutamente necesaria para seguir adelante.
Barcelona
15 de Marzo del 2006, Frederic